Nos encontramos en la mitad de una extinción masiva

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Las extinciones masivas vuelven el agua tóxica y estamos en mitad de una.

Algo que lleva por nombre “extinción masiva” ya suena suficientemente mal. Pero resulta que los eventos de extinción masiva son aún peores de lo que pensábamos. Porque tras ellos, es bastante común que las aguas se vuelvan tóxicas, lo que complica las cosas a las especies que sobreviven. Y ahora mismo nos encontramos en mitad de un evento de extinción masiva, en este caso provocado por el ser humano.

Esta idea se basa en un artículo científico recientemente publicado. Y para este artículo, se han analizado datos de una de las mayores extinciones masivas que han ocurrido en la historia de nuestro planeta, la que tuvo lugar hace 252 millones de años. La conocida como extinción pérmico-triásica.

No hablamos de cualquier cosa: aproximadamente el 95% de las especies marinas desaparecieron como consecuencia de este evento, el 70% de las especies de vertebrados terrestres también…

Pero el problema es que la cosa no quedó ahí. Como consecuencia de esta extinción, las aguas recibieron gran cantidad de nutrientes. Y estos nutrientes sirvieron de fertilizante que facilitó que algas microscópicas y bacterias creciesen sin límite, convirtiendo las aguas en “sopas tóxicas”.

Un proceso que, por desgracia, no es desconocido ahora mismo. Como consecuencia de los cambios en los ecosistemas que estamos provocando los seres humanos, la deforestación que sufren los ecosistemas actuales, la polución y contaminación de las aguas… el proceso de fertilización de las aguas – que en términos técnicos se conoce como eutrofización – está ocurriendo hoy en día

Los blooms o crecimientos explosivos de algas y bacterias son cada vez más frecuentes en sistemas acuáticos, sobre todo someros. Lagos de poca profundidad, marismas y sistemas costeros están viendo cómo este tipo de situaciones aumentan en frecuencia.

Pero hay otra comparación más con el pasado que no son buenas noticias. Los investigadores también han analizado las consecuencias a largo plazo de esta dinámica. Ver qué ocurrió al final del Pérmico nos sirve para hacernos una idea de a qué nos enfrentamos.

Que las aguas se convirtiesen en “sopas tóxicas” tuvo una consecuencia muy directa en la recuperación de los ecosistemas. Y es fácil de entender: la hizo mucho más lenta. Las especies que sobrevivieron no disponían de tantas fuentes de agua como hubiesen necesitado para recuperarse, por lo que el restablecimiento de ecosistemas funcionales fue más lento de lo que podría haber sido.

En el presente, esto se traduce de una manera muy clara: los ecosistemas que pretendemos recuperar van a tener más problemas de los que se esperaba debido a que las zonas de aguas someras sean tóxicas. De cara a la conservación, este es un factor importante que hay que tener en cuenta.

Aprender del pasado para saber lo que nos espera en el presente y cómo evitarlo siempre será la mejor estrategia.

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